Libros Publicados por Marta Mutti
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Cuentos:

       

Poesía:

       

Ficción Poética / Poetic Fiction:

Lingüística. Manual de Registros Narrativos:

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Adquiera estos libros en Editorial Dunken . Ayacucho 357. Ciudad de BS. As. O Solicítelo a la misma venta on line. www.dunken.com.ar


Avatares I
Cuentos y poesías
del Taller
Obra de Tapa:
Alejandro Costas

Avatares II
Cuentos y poemas
ANTOLOGIA
Obra de Tapa:
Malvina D´Angelo

Avatares III
Cuentos y poemas
ANTOLOGIA
Obra de Tapa:
María Adela Naim

Transparencias
Cuentos y poemas
Avatares IV
Obra de Tapa:
Romina Maribel González

A Bordo del Viento
Cuentos y poemas
Avatares V
Obra de Tapa:
Claudia Vázquez

Hilos Secretos
Cuentos y poemas
Avatares VI
Obra de Tapa:
Toulose Lautrec

 
Detrás del Espejo
Cuentos y poemas
Avatares VII
Obra de Tapa:
Emil Nolde

Argirópolis, Esquinas de Nuestra Historia
Ficciones Históricas
Avatares VIII
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Adquiera estos libros en Editorial Dunken . Ayacucho 357. Ciudad de BS. As. O Solicítelo a la misma venta on line. www.dunken.com.ar


Andar de a dos - poesía -

Obra de Tapa: Fotografía, Colección privada

Deshilar los momentos, detenerse para verlos tan solo, y luego continuar, andar la vida, buscarnos y por fin, hallar la identidad.

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Ilusión descolorida

Necesidad. Uno, dos, tres,
Cuatro, cinco. Ansiedad.
Ya no. Es el desastre.

¡Marioneta de papel!
Como agitarte cascabel,
responde:- ¿no estás?

Necesidad creciente.
A mi lado, en mi mano.
responde:- ¿no estás?

Ilusión descolorida te vas.
Nadie sujeta tus cabellos,
ni arriesga tu cobarde juego.

Desconoces la casa donde habito.
Huyes... Te pierdes en mil nubes.
Dejas mi alma perdida.

Ilusión descolorida, dime:
¿No hay lugar para la esperanza,
ya no volverás ?

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Desencuentro

No me puedes tomar y guardar en un cofre.
Al amor tampoco. Es independiente como Dios.
No puedo apresarte en una telaraña.

La magia se quiebra. No somos.
Urgente, el vuelo. Nos desvanecemos.
Uno en cada extremo. Reunimos las manos.
Sorprendidos, las vemos vacías, desconocidas.

Ni tu calor, ni el mío. Nos perdimos.
Al andar, fuimos borrando huellas
como ladrones furtivos.

Nos convocó el desatino, deshicimos nudos.
Te apartaste silencioso de mis caminos,
dejé de ser tu piel.
Afilados como sombras, nuestros perfiles se despiden.

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La espera

Casi sin pensarlo,
con la suavidad de un capullo,
la vida hizo nido en tu cuerpo.

Aún no te enteras, aún te sientes niña mujer.
Más allá de tu instinto...
alguien desde tu corazón te llama.

Y escuchas el murmullo de una voz que no es la tuya,
pequeña, pequeñita... lejana.
Se diría que es el tintineo de un carillón.

Suena lejos, despacio, despacito.
Tan suave y mágica;
que contienes la respiración para escuchar.

Corres frente al espejo,
te paras de perfil,
y recorres la geografía de tu vientre.

Quieres reír y llorar.
Te reconoces en una nueva dimensión.
Estás inquieta...
Mas no te impacientes mujer,
pues los días se tomarán su espacio,
para que de a poco los recorras,
y tú irás cambiando.

Vas tejiendo el más valioso de los sueños.
Más que la espera no te angustie,
ni el cuerpo te pese,
ni el insomnio te atrape.

Muchacha. Cuídate, que a él lo cuidas.
Ámate, que a él lo amas.
Prepárate, pronto, te dirán mamá.

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Barriendo el Silencio - Cuentos. 1ª y 2ª Edición -

Obra de Tapa: Malvina D´Angelo

Historias que se abren para mostrar el paisaje interior.
Tiempos que se agitan dentro del cubilete indefinible de los sentimientos, esperando su momento para ser y dejar de ser.

El silencio se suelta entre barriletes, en el vuelo de las aves, entre manos que abren, que cierran. Ahonda en los ojos que piden, aman, rechazan, sufren, gozan. Se asoma y escapa de las bocas cuando las ideas pierden color, o tienen llaves que las guardan

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El ascenso

Atardece y en la montaña se van despertando luces. Mariela sube por el camino trazado por muchos pies, diferentes, sin peso, sin alma a veces.
Es la hora del regreso, del cansancio y de los cuerpos apagados, pero no para ella que piensa irse pronto, lejos, llevándose a su abuela.

Va siguiendo el caracol del camino, no hay viento pero sus caderas ondean y sus labios tararean frescura. Va siguiendo una esperanza.
Por fin llega a la casa, una vivienda de una sola habitación. Una pero amplia y clara, llena de ventanas con dinteles curvos y rejas vestidas con el color de las flores, (malvones que planta Doña Julia). La música de los pobres ricos y el olor penetrante del guiso de locro la reciben, la envuelven.

"Abuela", casi grita, un poco agitada, y empuja con suavidad la puerta que apenas se sostiene con sus bisagras vencidas.
La mesa tendida, casi expectante. Los dos tazones y las cucharas guardan silencio. El pan desde una canasta de mimbre insinúa un asombro mudo. El guiso humea callado desde los bordes de la olla apretada por la tapa.

"Abuela…", repite la joven. Doña Julia, sin embargo no hace movimiento alguno. Los brazos apoyados sobre la mesa, la cabeza sobre ellos reposando el último cansancio.
Extraño en esta mujer que nunca está quieta, que corre a la vida con un juego limpio, que orgullosa murmura; "sangre vasca la de mis venas", que anda escoba en mano de aquí para allá; que desliza alguna canción de las de su tierra y cierra los ojos para desandar paisajes de otros tiempos.

"Abuela…", casi exige despacio Mariela, mientras deja la bolsa en la que trae provisiones, revistas, y hasta jabones perfumados que el patrón insiste en darle.
Le responde la música, el guiso que bulle…
Mariela mira hacia afuera, hacia la montaña ya entre sombras y no se entera o no quiere.
Y comienza a hablar:
"Ese Fermín, es un pesado, desde que se murió la mujer me mira de forma rara. Ni que se le ocurra. La patrona sí que era buena, Doña Franca, ¡qué mujer! Pero ése, mejor que se busque alguien de su edad. En el pueblo más de una, bien que lo aceptaría, así nomás, sin amor…Sí, por tener un marido, una casa, pero yo, ni loca, qué se enfríe la cabeza bañándose en el río".
Baja los ojos y se calla. Un escalofrío como un torrente muerto, la envuelve de golpe.
Se saca los zapatos y sus pies se agitan, se ensanchan. Ella dobla los dedos, los curva como puentes. No mira a su abuela. No se rinde. Otra vez suelta la charla:
"La casa del patrón es grande. Hay que andar al trote para tenerla impecable. ¡Y cómo!, que se lo pregunten a mis pies, pobrecitos… Quién sabe…", dice y deja escapar otros ojos por la ventana y los trae de nuevo y sigue:

"La taba a veces se da vuelta y en una de esas, salta un empleo en alguna pensión del pueblo o en la peluquería. Hasta que podamos irnos abuela, porque vamos a irnos.
¿Qué donde?, al llano, a otro pueblo. Es por él, abuela. Sí, por don Fermín. No me gusta como me mira, parece que va a dejarme seca", sin embargo a Micaela la voz se le va apagando.

Doña Julia sigue quieta, sentada en el sillón de mimbre en el que le gusta dormitar la modorra después del almuerzo. Mariela no quiere entender, se acerca y la abraza.

"Se nos enfría el locro abu", dice mientras su piel aprende que la otra está deshabitada. Y como si nada estuviese pasando continúa, "si no tenés ganas de servir lo hago yo". Destapa la olla y la cara se le inunda de aroma y de calor. Lo necesita para las lágrimas que no suelta, para los gritos que no deja escapar. Lo necesita ahora cuando gira (tazones humeantes en mano) y con la mirada mojada de dolor y rabia dice:

"No te preocupes abu, podés irte tranquila, mañana le voy a decir que sí al patrón. La casa es linda y él quien sabe a lo mejor…"
La habitación cobra la vida que no está y da la respuesta a lo que no debe ser. Todo comienza a girar. La repisa con los muñecos de peluche, el armario sin puertas por el que se escapa la adolescencia de Mariela. Las camitas apenas separadas por una sola mesa de luz, el reloj a cuerda preparado para el toque de las seis de la mañana, el aparato de música sobre el aparador espejado, el piso de ladrillo rojo de dolor, de tanto que lo limpia Doña Julia tempranito cuando se queda sola. Mariela de rodillas junto a su abuela, apoya la cabeza en el regazo aún tibio y dice:

"Abu, no me esperaste para darme un beso".

Quedan Las flores, y la estampa del santo que reza desde la cómoda, sin palabras, porque hay cosas en la vida que no se explican, aunque la música y el cielo nos cubran a todos. Mientras, las luces encendidas en las casitas desperdigan por el cerro flores brillantes. Como los malvones que sabía plantar de gajito doña Julia...

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Aroma - Cuentos -

Obra de Tapa: Malvina D´Angelo

Un barco de papel. Una música de organillo que viene desde la infancia.
Un momento que importa por la sorpresa fugaz. Una puerta de cristal por dónde traspasar el orden de los signos de lo absurdo. Aromas que nos acompañan .
Cuentos que siguen la realidad con la inmediatez de la fantasía, como un barco de papel que navega por páginas blancas. Tan simple y tan concreto como un punto de sol y sombra fluyendo hacia el lago entrecerrado y secreto de la imaginación.

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Desayuno a solas

Tus nudillos no sonaron en mi puerta.
Tampoco me avisaste que te ibas.
Tu voz oliendo a tostadas y dulce casero
no me despertó. Sólo te fuiste
acallando historias, apagando luceros.

Le pareció que golpeaban y abrió la puerta.
Estaba todo tan quieto como una mañana de domingo o de paro general o de duelo o de las de antes. Recogió el diario que ya estaba sobre el cantero de alegrías del hogar blancas, "traen buena suerte", había dicho la abuela del puesto de flores de la otra cuadra, el día que llegaron al barrio. Y claro compraron varias.
Laura ya estaba levantada pero no lo había llamado, extraño, pensó.
Él solía despertar unos segundos antes de que la alarma del aparato arremetiera y apretaba el botón justo a tiempo. Ganarle de mano era una buena forma de comenzar la mañana. Aún no estaba del todo despierto y finalmente no sabía que había pasado.
Se dirigió a la cocina, seguramente estaría preparando el desayuno. Ni una hornalla encendida.
Laura sentada se limaba las uñas sobre la mesa. Ni siquiera volteó la cabeza para saludarlo. Como todas las mañanas, la radio estaba encendida. Hasta que no escuchaba el informe meteorológico, no se vestía. ¡Maldita costumbre! Como si el clima no cambiara varias veces durante el día. Él prefería el silencio cariñoso del diario.
Parado en medio de la cocina con el diario aprisionado en una mano, no se decidía. Llevó la otra mano hacia la nuca y removió un par de veces sus cabellos. El volumen de la radio lo fastidiaba.

- ¿No sonó el despertador o te olvidaste de ponerlo en hora? - preguntó, sus palabras casi chocaron con la voz melodiosa del locutor.
Laura pareció no escucharlo, soltó un poco de aire y siguió con la cabeza inclinada sobre las manos. Estaba pintándose las uñas de rojo. Laura prefería los tonos claros, transparentes. Iván totalmente despabilado se quedó esperando, mirando, pensando.
Las manos libres de anillos se agitaron como mariposas. Laura las había terminado de pintar y soplaba sobre las uñas rojas.

-Ni una cosa ni otra -acabó por responder.

-No entiendo -dijo Iván que de pie en el mismo lugar de la cocina volvió a enrollar el diario que momentos antes había estirado y entonces lo puso girar. De golpe lo detuvo, fijó los ojos en el cielorraso blanco de la cocina y volvió a preguntar:

- ¿Lo pusiste o no?

Ella se puso de pie, guardó en una caja, que contenía esmaltes de colores tenues, el frasco rojo y dijo:

- ¿Cuál es la diferencia? - le dio la espalda y se marchó de la cocina terminando así el asunto.

- ¡Laura, no desayunamos!- insistió Iván siguiéndola por el corredor.

-Yo ya desayuné y para vos es tarde. - respondió ella sin darse vuelta.

-Por favor, Laura, ¿qué está pasando?

-Que no puse el despertador. Que no lo escuché. Que no se me dio la gana -contestó como si nada con voz monocorde, ausente. A Iván le palpitaron las sienes, estaba poniéndose verdaderamente molesto.

-Me querés poner loco y no es el momento -arremetió

Laura lo enfrentó: - ¿Alguna vez lo ha sido?, ¿no sería conveniente que te fueras a duchar?... estás retrasado - concluyó estirando la voz en las últimas palabras. De pronto, Iván estaba frente a algo que no sabía como manejar. Todo, todo, empezando por el despertador estaba de cabeza y en un rato con seguridad tendría aquellas jaquecas interminables.
Arrojó el diario sobre un sillón, puso ambas manos en los bolsillos de la bata, anticipando una tregua o en señal de rendición y con la mejor cara que pudo propuso:

-Está bien, es hora de alternar. Mañana preparo el desayuno, te despierto con café y tostadas con dulce y hasta puedo leerte el informe meteorológico del diario, digo por lo de la vestimenta...

-Tarde… tarde… -contestó Laura con un cantito desde la habitación donde ya había acabado de vestirse. Iván quiso seguir hablando pero ella ya se iba. La siguió hasta la puerta ella se detuvo y se despidieron con un corto y apagado hasta luego. Él se quedó muy quieto viendo como se perdía calle abajo.
Es hermosa, pensó sin pensar, la amaba y había estado procediendo como un idiota independiente.

¿Por qué no respondió a su propuesta del desayuno? ¿Ya era tarde había contestado? ¿Y por qué era tarde? Miró la hora en el reloj pulsera. En efecto, lo era. Él nunca llegaba fuera de horario al estudio, o al sitio que fuese, pero hoy iba a ser diferente.
Abrió la heladera para tomar un vaso de leche aunque mas no fuera y le sorprendió verla atestada de comida preparada con carteles identificatorios. Abrió el freezer y lo mismo. Se dirigió a la habitación bebiendo a grandes sorbos. Allí se percató de que Laura se había levantado muy temprano porque todo guardaba un orden más estricto que el de costumbre.

Él no era del tipo conversador, Laura sí, hablaba todo el tiempo ¿Con qué asunto había insistido últimamente? Maldijo el hábito de escuchar sin escuchar cuando le hablaba. Volvió a mirar su reloj pulsera; de golpe se le ocurrió que a él le encantaban los relojes y a ella los anillos con piedras aguamarinas.
Más de una vez había tenido que esperar mientras se probaba uno tras otro como si nada. ¿Total qué?: ninguno la convencía lo suficiente. Volvió a consultar la hora. Después de todo todavía no era tan tarde. Se dirigió al cuarto de baño, tomó una ducha, vistió ropas deportivas y salió. Podía no escuchar pero no era ciego. Dejó el auto y caminó despreocupado en medio de la multitud bajo un cielo celeste a pesar del smog, un sol más que tibio
lo acompañaba.

Laura se había retirado un poco antes de la oficina, pasó por una tienda de bolsos, compró un par de valijas livianas y las guardó en el baúl del automóvil que había estacionado en el subsuelo del edificio, subió al vehículo y después de andar un trecho se detuvo frente a una peluquería. Iván recorría las
joyerías de la ciudad.

Laura ya lista, se miró en el espejo que sostenía el peluquero. Consultó el reloj, aún faltaba algo más de una hora para que Iván regresara a casa. Tendría el tiempo necesario, había dejado todo preparado.

Iván salió del negocio e introdujo en el bolsillo la suave bolsita de terciopelo azul que contenía la caja pequeña, envuelta con papel brillante. Complacido imaginó las manos de Laura y recordó el cantero de alegrías blancas. Él prepararía el desayuno: café a punto, un toque de crema, tostadas, dulce casero y jugo de naranja recién exprimido. Puso la mano en el bolsillo, pasó los dedos por la tela suave y se sintió feliz.

La sorprendería al salir de la oficina. Sólo faltaba una hora para que saliera.
Aún faltaba una hora para que le propusiera matrimonio.

Las flores blancas del cantero la vieron pasar apurada, Abría la puerta cuando el teléfono comenzó a sonar. Demoró unos segundos, las llaves de la casa se habían enredado con las de la oficina. Por fin pudo entrar. Corrió al aparato, el cabello rubio se abrió como un abanico y rozó las cortinas rojas del living.
Levantó el tubo y su cara se transformó.

-No, no, imposible, está en el estudio.

- ¿Cómo dice? ¿Ropa deportiva? No, no imposible. Siempre usa traje. No, no lo vi. Hoy salí antes.

No supo cómo llegó al lugar. En sus ojos, habían empezado a levantarse imperceptibles paredes de cristal.

-El conductor del taxi, no tuvo la culpa, explicaron el policía y otras personas que estaban junto al hombre tirado boca arriba sobre el pavimento agrietado.

-Cruzó la calle como si estuviera caminando en medio de
una plaza.

Laura se arrodilló y abrazó a Iván sin decir ni una palabra. Las paredes de cristal se habían roto y casi no podía ver. Uno de los paramédicos se acercó con una bolsita azul, húmeda y manchada:

-La llevaba en una de las manos -dijo entregándosela.

Laura la tomó, extrajo del interior el envoltorio pequeño y brillante. Lo desarmó, abrió la caja y lloró sobre la piedra aguamarina y sobre la cara de Iván.

-Fue un golpe duro -alguien dijo.

Ellos están bajo otro cielo. Llevan un canasto repleto de loza. Laura de golpe tropieza de espaldas a la puerta, el canasto se inclina: Iván y algunos platos ruedan sobre un césped sin rasguños.
La risa de los dos llenan los huecos de la primera noche en la casa vacía.
Laura volando de fiebre en la madrugada. Las manos de Iván yendo y viniendo con paños frescos. Los dos eligiendo el lugar de cada mueble. Y de golpe este cielo insiste en bajar la noche con voces arenosas.

-A simple vista no hay nada, de todos modos lo vamos a internar.

-El desayuno, Laura… - Iván murmura y abre apenas los ojos.

-De ninguna manera -otra vez las voces ordenan, deciden:

-No va a desayunar amigo, ya es tarde para desayunos, ahora vamos a hacerle algunos estudios, después veremos.

Y bajo un cielo blanco sin voces que ordenan esta vez surge rápida la respuesta:

- Mañana, amor, mañana.

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Fantasía Dormida - Cuentos. Digitextos -

Obra de Tapa: Renate Levy

Escindir, empujar la puerta que sabemos entreabierta y avanzar. De eso tratan cada una de las ficciones que palabra a palabra se hilan en una cierta fantasía dormida que permanece a la espera de quien la anime.

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Dos nombres

Y sólo quedarán palabras en las piedras que contarán
los actos…
Desde entonces cambian los escenarios y los actores y
hasta los nombres, pero el argumento suele repetirse.

La mañana en Nag Hammadi se abre aborrascada por un mar de nubes y grises. La niebla (hecho imposible para estos lugares) baja por detrás de la fronda de tamariscos y sicomoros y se pierde en las fuentes de los patios del jardín.
Él se ha marchado. Cuando pasó frente a los espejos algo lo negó en ellos. En la alcoba aún ronda la penumbra en medio del vaho de las vides del huerto, que desde las ventanas se animan al recinto real.
La dueña de casa no sabe si está despierta o no quiere estarlo. El esposo, después de mucho tiempo la ha amado con pasión y luego cuando descansaba la ha vuelto a amar. Pero esta vez, ha sido casi un espasmo en un abismo salvaje y encendido. Los brazos de un volcán y la aspereza de su lengua en medio de un cascabeleo vago, sibilante, continuo. En la noche sin luna y lámparas apagadas, la oscuridad lleva puesto cierto fulgor que exacerba las dimensiones y la mujer finalmente arde junto a un esposo que se muestra insaciable.
Bajo un cielo descabezado de estrellas y luna, nace un niño. Con el primer llanto un temblor agita la tierra y el cielo azabache. Con tal acontecimiento nadie repara que en los espejos de la alcoba una figura sutil, un hálito intenta dibujar como lo hiciera aquella otra noche, un rastro. La mujer y su esposo sólo disfrutan el hijo, pasan los días y el pequeño Dídimo , que así su madre ha tenido en gusto llamarle, hace otro tanto. Es bueno que lo hagan porque no siempre será así.

Bajo un cielo blanco de estrellas y luna, los magos saben que han nacido. Ellos siguen la señal para adorar a uno.

Aquel día en Galilea, Herodes arranca la página del libro de las profecías frente a los ojos del Profeta y da la orden. Por todo el reino un horror inocente traspone los límites de la imaginación más abyecta. Fue entonces que los relámpagos abrieron el cielo y las gentes miraron hacia arriba con la esperanza secreta de ver por algún agujero a Dios, o a un ángel. Sólo se oyó la lluvia y llovió a cántaros.

La mujer yace en la cueva arrebujada y el niño en la telaraña de sus brazos. Su compañero, ha tapado con piedras la entrada, por un resquicio con ojos entre rojos y amarillentos escruta el paisaje espectral, con la desesperación de no saber qué hacer y la necesidad de hacer algo. Sin embargo está haciendo lo que debe hacer: guardar el sueño del hijo. Cuando lleguen los magos apenas comenzará a entender.

La mujer acaba de traer agua del río, y va a cocinar. No sabe cuándo hablar con aquel hijo que no se parece a los otros. Todos saben de aquella noche y callan. Fue una noche blanca, después, quedó encinta y aún no lo comprende del todo a pesar de las palabras del ser luminoso y de los magos. Dispone el alimento en los cuencos, es buena para el cálculo, sabe que el cereal no es suficiente. Da la espalda a la mesa para buscar la jarra, sin explicación todos los cuencos están llenos y tienen la misma cantidad de alimento.
Desde la puerta llama a la familia. Aquel hijo es el último en llegar. Los demás sentados aguardan expectantes la oración. El trabajo en el campo los tiene hambrientos. Los ojos lanzan reproches agudos. El hermano mayor por fin se ha ubicado, en silencio, comen.

-Madre, esta noche parto -dice en medio de la comida y mira hacia un punto donde el silencio corta.

- ¿Y el trabajo? ¿Y tus hermanos? -reprocha y suplica, la madre con ojos abiertos por la ilusión y el despojo.

-Es tiempo de que me vaya. -responde con rostro sereno como quien conoce el camino.

-Aguarda otro año, estarás más seguro.

- ¿Realmente crees que será así? -es la respuesta y un dolor vago corta el aire y la mujer asiente con los ojos velados por cierto pudor, y de pronto como si se preparara para una fiesta su voz se enciende:

-Iremos contigo, tus hermanos habrán de ser de utilidad.
-Todos lo serán, a todos necesitaré aún al que no está.

La madre no escuchó o no comprendió, a veces le pasaba con este hijo.

Después de varios días de festejos donde abundaron los combates hasta la muerte, los bailes sensuales, las mascaradas desorbitadas y banquetes opulentos, poetas, saltimbanquis y sexo, Dídimo partió debajo de un cielo blanco. El oráculo le había dicho que un rey de reinos lo aguardaba y él bien podía sacar provecho de este encuentro, bien podría aprender del otro rey o hacer otro reino para él. La madre queda temblando y el recuerdo, de aquella noche aflora en su corazón. La sacerdotisa había leído lo correcto en las vísceras del cordero sobre la oscuridad, dos la amaron, el que no mostró el espejo fue el que tuvo su vientre. Se hacen dolor y sangre las manos que se crispan y vuelve al espejo de su alcoba, como si buscara algo ahoga como tantas veces la tristeza. Despide para siempre al hombre y guarda la esperanza del hijo en las entrañas. ¿Qué mujer renunciaría a tal ilusión? Si conoces alguna, no te queda nada por entender.

Aquel mediodía después de llenar las redes de los pescadores, volvió junto a sus hermanos y a su madre que aguardaban en la costa. Un viajero ricamente ataviado, el rostro sudado y polvoriento, amable sin ser amistoso, afable sin tratar de parecer íntimo, se les unió.

- ¿Cómo te llamas? -preguntó el hermano mayor.

-Como quieran llamarme, he dejado todo atrás, hasta mi sombra.

-Eso es poco probable si no conoces tu destino.

-Te equivocas, es necesario provocarlo para conocerlo.

-Si ése es el motivo que te trajo hasta aquí, te daremos un nombre, te llamaremos Tomás.

-Pero he oído hace un rato llamar a uno de tu grupo del mismo modo…

-Hermano, mis ojos en los tuyos no se equivocan, mis ojos y los tuyos saben, más tarde te llamarás con otro nombre, pero sólo tú vales para mí más que cualquier nombre.

-Significa ¿que puedo permanecer contigo, seguirte? -inquirió el joven extranjero cuyo porte distinguido y su mirada intimidaban.

-El camino es de todos, está marcado para el que decida seguirlo -responde el hermano mayor. La madre ha seguido de cerca la escena y ve al hijo caminar sobre arenas movedizas. Mira hacia el cielo, quizá busca alguna señal pero el cielo hace lo que sabe, se desparrama límpido y brillante sobre las cabezas.
De algún modo todos debajo de él somos actores voluntarios imprescindibles o involuntarios prescindibles. Así que dejaremos a los acontecimientos, sucederse.
El extranjero y el hermano mayor se hicieron inseparables. Las gentes hablaban de cierto parecido. De ello trascendían emociones encontradas. Así la humildad, paciencia, serenidad, amor, caridad y la astucia, orgullo, egoísmo, y arrogancia como monedas echadas a rodar marcharon por los caminos junto a dos hombres empeñados cada uno en alcanzar el lugar y la hora apropiada.
Y fue precisamente en un festejo que toca la suerte del primero.

El vino resulta escaso, así que las mujeres mandan por más vasijas. Tomás exige ocuparse del asunto, va por él y demora. En la mesa hay reproches, miradas torvas. Los celos levantan paredes de ceniza, hasta lo llamaron con otro nombre, el que usa el hermano mayor cuando ambos dialogan hasta altas horas. Nunca faltan orejas para asir la nada mientras la vida escapa y ahora todos conocen el nombre, ahora todos saben. Unos pocos hasta se atreven a jugar con las letras de los nombres; que se parecen pero son diferentes.

Una niebla impensada se presenta en todo aquel lugar. Por encima de ella la voz sabia y serena del hermano mayor aquieta los aires y nadie se atreve a salir de la murmuración.

-Tomás ha hecho lo que estaba dispuesto.

Cuando la guardia irrumpió en el recinto, alguien dice haber visto al extranjero entrar en conversación con unos hombres y guardarse un bulto pequeño entre las ropas. El hermano mayor los silencia otra vez, gira la cabeza hacia Tomás y cruza con él la mirada. En una, luz. En la otra, sombra. En ambas, el dolor.
Dos fueron indispensables. Dos, cuyos nombres tienen sonidos de cinco letras. Dos nombres que comienzan con idéntica letra. Dos cielos elementales para un plan.
Uno murió una mañana en medio de nubes grises y un cielo partido en dos. El otro -dijeron- se suicidó una noche blanca de estrellas.
A los dos los cubrieron con sudarios diferentes, y en ambos se marcó el mismo rostro.

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Vulnerable Desnudez - Ficción poética, Poetic Fiction -

Obra de Tapa: Renate Levy

Edición bilingüe. Traducción Ximena Espinosa

Ficciones hiperbreves enlazadas dentro del espacio poético . Digitextos que asoman cuando la mirada recorre la única estrofa que compone cada poema. Tiempos para escuchar la vida, soltar las voces. Un desafío único y plural que aviva la llama que nos habita. Edición Bilingüe.

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CXIII

La luz se ha apagado.
La mueca en la cara del hombre
dice que ya nada huele especial.
La mujer ha dejado su papel de ninfa.
Las manos se guardan en los bolsillos.
Las miradas duermen en percheros.
El motivo; quién sabe,
diríamos que compromete a un ausente sin aviso.

--

The light is out.
A grimace on the man's face
says that nothing smells special anymore.
The woman has abandoned her role of nymph.
Hands are kept inside pockets.
Looks sleep on hatstands.
The reason; who knows,
we could say that it entails an absence without warning.

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CXIV

Levanta la cara sin cargar historias.
Sola y dueña del infortunio seguirá esperando a
Ulises,
acompasando el ritmo de sus tacones rojos
por puentes caminados sólo hasta la mitad.

--

Lifting her face without carrying stories.
The sole owner of her misfortune she'll keep on waiting
for Ulysses,
marking the rythm of her red heels
along half-walked bridges.

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Interiores - Poesía

Obra de Tapa: Solange Cambet

Poemas que resumen una impostergable invitación a descubrir un mundo único, propio. Ése que no es un reflejo ni una máscara, ése que negamos o mantenemos oculto, por temor quizás, a quedar vacíos de misterio o al desafío de desvestir las propias sombras . Poemas que nos descubren.

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Una mujer

Una mujer en secreto,
sueña las horas que vive.

Si ha amanecido de gris,
irá al puerto y desatará velas.

Tomará el timón, pondrá proa
hacia el techo del horizonte.

Desmadejará colores
y se beberá al viento.

Su vientre se sentirá amado
y al gris del cielo mar,
el rumbo hacia el naranja habrá cambiado.

La mujer humedecerá los labios secos,
en los surcos aparecerá el sabor
del hombre y en secreto pensará
que no se ha equivocado.

                 Y

seguirá soñando por ese mar
hasta que el sol la despierte.

Acaso amar sea esto de llevarse encendido en la sangre y dibujado en la mano

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Preguntas deshabitadas

La figura
anclada día y noche,
aparece y desaparece
extraviada en el recuerdo
del párpado enrojecido.

Casi una enfermedad de fiebre.
Sin sustancia.
Un huésped sin tiempo.
Imaginado, dibujado
por un dedo índice
que se levanta
se posa en la arena
y la arruga con aquella forma.

¿Qué es real?
¿Qué no procede de un acto fallido?
¿Imagen de una imagen?
¿Imagen enésima?

La figura
peón y rey sirve al juego de
los arcanos del génesis,
del mientras, del ahora
y casi del después.
Para explicar este universo
de manos que crean sueños
que no concluyen nunca,
como éstas y otras preguntas.

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Del Cuento y sus Aledaños. Un cuento es el universo que se crea con todo lo que no dice - Lingüística. Manual de Registros Narrativos:

Obra de Tapa:
Autor: Marta Rosa Mutti
Linguística. Editorial Dunken. 168 páginas. Buenos Aires. Abril de 2010

Sinopsis: El cuento es un pequeño gran rey, tiranuelo por cierto, cuyo reinado se asienta sobre un espacio – temporal reducido, que requiere de la precisión, la exactitud y de una conveniente proporción y correspondencia entre las partes que lo componen. Es una historia por contar y un mundo que mostrar en un escenario y tiempo cortos. Lo que lleva a seleccionar cada línea que se escribe, relatando sólo lo indispensable y a la vez, dejando puertas que abren hacia un todo que rodea y expande a la situación en juego, de modo tal, que la conclusión la realicen en simultáneo lector y autor.

Un logro que se alcanzará con el trabajo de los recursos de este género narrativo, por cierto, exigente. El efecto, por ejemplo que llevará desde el principio cada palabra, cada rol hacia el final previsto. Las elipsis que atomizan significados, a modo de provocar la sagacidad. La dosificación y la omisión que frenarán momentos decisivos. Los personajes cuyos diálogos y acciones harán los juegos esenciales a aquel efecto buscado. Los tiempos del relato. El manejo de la tensión, la atmósfera, la digresión. Pasos que se realizan con rigor matemático, y que junto a otros encontrarán en este libro, cuyo objetivo es recordar al cuentista que cualquier tema es valedero pues guarda en él una epifanía.

Sólo requiere de un constructor listo para la contienda, quien deberá conocer y manejar las herramientas y técnicas necesarias para hacer de unos materiales y unos granos de arena dispersos por aquí y más allá, un edificio. Ni más ni menos: Un Cuento…

Adquiera este libro en Editorial Dunken . Ayacucho 357. Ciudad de BS. As. O Solicítelo a la misma venta on line. www.dunken.com.ar

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El cuerpo del cuento

El escritor hace de la literatura un arte, pero al mismo tiempo una ciencia, donde plantea bajo el manto de la ficción la verdadera identidad del hombre despojado y sin máscaras .

Un cuento comienza desde el título y desde allí corre hacia el punto final, y ello implica que desde ese lugar ya se está anticipando un punto de interés que gira en torno a la historia a contar.

Vemos pues que su función podrá ir desde un enigma para suscitar curiosidad, destacar el incidente significativo, señalar sucesos, sentimientos, sensaciones que define la acción, definir al personaje, condensar el motivo que conformará el cuerpo del cuento, o sea la trama secreta. Ahora cómo seguir, pues allí aparece otro elemento vital: la primera frase.

Sí, así como se lee, ésta no debe ser disparada por puro impulso de placer lírico, sino que antes bien, debe ser elegida, hasta calculada porque debe guardar un cierto golpe de condensación a modo de anticipo que ponga al lector en estado de alerta o suspensión.

He aquí algunos ejemplos, en Fragmentos iniciales

-ver subrayado-

Cuento

I

Un día de éstos De Gabriel García Márquez

El lunes amaneció tibio y sin lluvia. Don Aurelio Escobar, dentista sin título y buen madrugador, abrió su gabinete a las seis. Sacó de la vidriera una dentadura postiza…

II

Intimidad de Raimond Carver

Tengo unas gestiones que hacer al oeste del estado, así que aprovecho para pararme en la pequeña población donde vive mi ex mujer. No nos hemos visto en cuatro años. Pero de cuando en cuando, siempre que se publica algo mío o escriben sobre mí en revistas y periódicos -una semblanza, una entrevista-, le envío los recortes…

III

Técnicas de supervivencia De Angélica Gorosdicher

Fue a buscar a su vecina para contarle lo que le había pasado. Esperaba que estuviera. Que no hubiera ido al supermercado, o al centro, o a una reunión de madres en la escuela. Que estuviera, que le abriera la puerta y le brillaran los ojos y le dijera hola y la convidara con un café…

El inicio de la primera frase predetermina un estado de alerta sobre un qué, un quién, un cómo, un dónde. Podemos decir; casi a la manera de volanta pero del cuento, pues nos da una serie de anticipos con los que la acción llevada adelante por los personajes y la misma narración, busca inducir hacia el punto donde convergerá y hará eclosión la historia finalmente. A modo de cuenta regresiva vamos descendiendo hasta alcanzar la revelación.

Un cuento está constituido por unidades, las que deberán estar articuladas casi matemáticamente, y de la misma manera sincronizadas; el objetivo; la concreción de un todo.

Y ahora ¿cómo seguir? Hemos desembarcado y ahora debemos levantar la casa y ponerla en orden, podríamos armar los ambientes con acciones cortas y con detalles sugerentes, los que iremos soltando de a poco, por aquí y más allá, a fin de crear duda, ambigüedad, suspenso, debemos procurar el hecho de creer que algo extraordinario va a suceder.

Para ello podemos detener el relato y evocar al pasado, soltar un monólogo, buscar un paralelismo o contraste con una descripción e ir sembrando pistas del episodio que lleva al núcleo de la historia insinuando que algo va a suceder. Podemos llamar a este pasaje prefiguración pues nos pone en la antesala del desenlace pero que no nos lo devela, tendremos que seguir hasta el final para comprender su significación. El modo en que la prefiguración anuncie depende del escritor. Algunos se valdrán de la atmósfera, de la descripción de un lugar, de la inducción del diálogo ping pong, de incidentes que carecen de desenlace y concluyen en espacios ciegos, de clímax caracterizadores que muestran la psicología de los personajes. Las repeticiones a modo de anticipaciones reiteradas para arrojar luz.

Podremos levantar simulaciones, complicaciones, reunir en un haz las acciones ya hechas e iluminar, ver a toda luz el sentido total del cuento.

Hemos distribuido el mobiliario y los enseres de esta casa- cuento.

La hemos decorado, claros y oscuros.

Abrimos aquí una puerta, cerramos varias, corrimos cortinas, bajamos persianas y hasta un toque aromático, no sin poco esfuerzo, estamos por concluir. Tenemos una atención intensa, el lector está atrapado por el cuento al punto de que en su conciencia se agita la proyección de ese destino ajeno.

Nos debemos al desenlace. La descarga de éste habrá de ser de energía contenida. Imprevista, puede que satisfaga la idea formulada a lo largo del cuento, o suspenderla en un cierre abierto a interpretaciones. Colocar un falso desenlace previo a una frase final descriptiva que marca un cambio de actitud, una frase que simule un ornamento pero que en realidad pone fin al cuento como certidumbre o desesperanza. Así como intento de conclusión podemos aventurar que la trama de un cuento tiene como soportes: la exposición, complicación, crisis y desenlace y cada uno tiene una textura específica, por ejemplo entre la crisis y el desenlace se debe elaborar el momento más intenso y determinado de los sentimientos en juego, entonces estaremos en el tiempo del clímax narrativo.

Suele suceder algunas veces, que la crisis y el desenlace arriban juntos, se enciman, entonces el clímax estaría fundido en ellos. O puede, que el cuento no cierre en este momento cumbre, sino que se extienda sin necesidad o para contrarrestar el conflicto principal, entonces nuestro cuento terminará con anticlímax. Y para no agotar aquí nos quedamos, pero antes recordemos que la trama está constituida por las lazadas del tejido y por los infinitos puntos que la enlazan y para no tener bien presente los nombraremos: indicios, relieves (elipsis, antítesis, sinestesias, metonimias, cenestesias, oxímoron, hipálage, etc.). La transición y la digresión y los paseos temporales: flash- back, racconto, flash- forward.

Como conclusión:

Un cuento es una pieza musical. Cuando escribo pienso en términos musicales: hay relatos que son allegros, o adagios, o largos... También me gusta cambiar de clave. Hay escritores que se ciñen a un solo registro, que van perfeccionando, pero sin jamás abandonarlo. A mí me resulta imposible escribir dos relatos seguidos en la misma clave…  

Alice Munro

En su traslado a la vida real, el cuento tiene aproximadamente el valor de un instante, y como éste, cada partícula de espacio y de tiempo asume proporciones monstruosas, desusadas.

Mario Benedetti, "Tres géneros narrativos"

Bibliografía: Todorov, Tzvetan: “ Las categorías del relato literario”. Análisis estructural del relato. Buenos Aires, Editorial Tiempo Contemporáneo.

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Avatares


Avatares I

Responsables y hacedores:

  • Ana Bauchiero
  • Georgina D´Ascenzo
  • Carlos Briana
  • Delia Enguix
  • Lilian Gómez
  • Mabel Spinelli
  • Olga Tomasi
  • Adolfo Velázquez
  • Juan Viaggio
  • Nilda Villagra

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A veces, la vida suelta amarras y nos invita a abordarla.
La sonrisa aparece detrás de cualquier objeto, enredada en nuestros pasos o besando desde nuestra boca, otras bocas.
La emoción se suelta el cabello y luce sus mejores galas.
La tristeza se ruboriza, da un paso al costado. Nos encendemos de arrebato, nos sentimos pájaros y ensayamos piruetas. Momentos únicos, en los que alma se vuelve melodía.
Y también ocurre al recorrer cada página de este libro donde las voces hilvanan un mundo en el que nada nos es ajeno ni vedado.

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Avatares II

Responsables y hacedores:

  • Ana Bauchiero
  • Miguel Cabrero
  • Miranda Castellanos de la bota
  • Luis Elorriaga
  • Celia Lipsky
  • Maira Jiménez
  • Adríán Merel
  • María Elena Ortiz
  • Mabel Spinelli
  • Juan Manuel Viaggio

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Una fuga, un hueco de luz al que nos asomamos y una sonrisa que se dibuja en los ojos.?0br> Lo que está al alcance y nos pertenece. Momentos sin tiempos, que son valiosos porque nos damos el permiso y el obsequio de hacerlos diferentes con hechos sencillos, recuerdos, pensamientos y por sobre todo: sentires de y en nuestros corazones que se descubren.
Pequeñas cosas que nos enseñan cómo el infinito se guarda en un grano de arena o, en la señal que deja la punta de un lápiz, quizá una birome… sobre el papel, donde al fin y al cabo estamos nosotros.

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Avatares III

Responsables y hacedores:

  • Caloiero Lola
  • Concepción Carmen
  • Elorriaga Luis
  • Fernández Patricia
  • Ferrante Aldo
  • Lipsky Celia
  • Mansi Julia
  • Mantovan María
  • Martin Hannah
  • Merel Adrián
  • Molina Guadalupe
  • Ortiz María Elena
  • Spinelli Mabel
  • Villanueva Analía
  • Wamsiedler Toribio

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...Y primero fue el verbo...

Es inherente al hombre dejar señales de sus descubrimientos y de su sentir. A tal fin requiere de símbolos e íconos que los representen y fijen. El acto de escribir remite pues a la génesis, al origen mismo de la vida. Parte de una pulsión, una necesidad imperiosa, urgente e impostergable de transpolar en idea la emoción, el sentimiento, la observación y el análisis de todo lo que nos conforma y rodea. Porque, además, vivir nos impele a dejar testimonio. He aquí lo trascendente. Escribimos porque queremos comunicar, transmitir y por ende lo logramos expresando en el afuera lo percibido y descubierto de modo individual.

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Avatares IV - Transparencias

Responsables y hacedores:

  • Graciela Busto
  • Lola Caloiero
  • Carmen Concepción
  • Ada Curto
  • Víctor Del Duca
  • Luis Elorriaga
  • Patricia Fernández
  • Gerardo Goldberg
  • Julia Mansi
  • María Mantovan
  • Hannah Martin
  • Adrián Merel
  • María Cristina Muns
  • María Elena Ortiz
  • Silvia Santilli
  • Juana Schuster
  • Cecilia Vexina
  • Toribio Wamsiedler

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Visiones

Miradas…que abordan desde diferentes registros el peso de la palabra no dicha. Voces que quiebran el umbral del inconsciente y ponen sobre el paño lo que se pretende manejar en secreto. El ser frente a las impredecibles metamorfosis del acto de la vida. Improntas marcadas por los vaivenes del destino.

Marta Mutti

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Avatares V - A bordo del viento

Responsables y hacedores:

  • Graciela Busto
  • Carina Castelluccio
  • Carmen Concepcion
  • Tatiana Cos
  • Ada curto
  • Victor del Duca
  • Dolores Fernandez
  • Laura Ferrarez
  • Matias Ferrer
  • Carmen Florentin
  • Julia Mansi
  • Maria Mantovan
  • Hannah Martin
  • Florencia Luz Munoz
  • Maribel Podesta
  • Graciela Ruffini
  • Silvia Santilli
  • Toribio Wamsiedler

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Vivir. Buscar el modo de aprehenderlo y andar. No importa el cómo o el cuándo ni el con qué, pero sí el por qué. El camino y la búsqueda del espacio – identidad – pertenencia, que ceda sin embargos la puesta en escena de los otros que somos y de los tantos posibles. Una ventana sin dimensiones donde las historias y los poemas multiplican el juego cambiante, vivo y multiplicador de los espejos del ser. Los autores responsables de los textos que componen esta maravillosa selección así lo manifiestan en estas páginas donde la vida…marcha…A bordo Del Viento

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Avatares VI - Hilos Secretos

Responsables y hacedores:

  • Horacio Aranda
  • Graciela Busto
  • Carina Castellucio
  • Victor Del Duca
  • Dolores Fernández
  • María Leone
  • Julia Mansi
  • Edith Migliaro
  • Patricia Moltedo
  • Florencia Luz Muñoz
  • Maribel Podestá
  • Graciela Ruffini
  • Silvia Santilli
  • Norma Vicinguerra

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Los autores de los textos que hilvanan este libro se han permitido:
buscar contornos en las sombras. Pertenecer y permanecer en el amor. Vestir al silencio. Escuchar el llanto de los ojos secos. Atravesar sueños para despertar al que espera. Seguir huellas. Alcanzar lo que no se comprende. Hilos secretos que levantan la voz en nuestros pensamientos. Hilos secretos que buscamos para comprender y explicar. Misterios a los que nos asomamos apenas, con palabras.

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Avatares VII - Detrás del Espejo

Responsables y hacedores:

  • Horacio Aranda
  • Marcelo Beron
  • Graciela Busto
  • Dolores Fernández
  • Carmen Florentín
  • María Leone
  • Julia Mansi
  • María Mantovan
  • Edith Migliaro
  • Graciela Ruffini
  • Silvia Santilli
  • Gustavo Zaya

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Descifrar la vida. Bella , amarga, tibia, desconcertante. Mirar a los otros, entender y comprendernos. Tomar cuenta del paso breve y fugaz para tanto aprendizaje. Intentar aprenderlo desde los ojos que nos miran detrás del espejo. Dejar señales, actos, palabras…sembrar pasión.

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Avatares VIII - Argirópolis, esquinas de nuestra historia

Ficciones históricas.

Donado por los Escritores de Avatares Letras, a la Comuna de General San Martín, como adhesión al Bicentenario de la Patria.
Declarado de Interés Municipal por La Secretaría de Gobierno del Municipio de Gral. San Martín.

Los Escritores:

Horacio Aranda, Juan Arrate, Graciela Busto, Víctor Del Duca, Luis Elorriaga, Dolores Fernández, Carmen Florentín, Ariadna G., Claudia Guala, Sandra Laino, María Leone, Mirian Claudia López, María Alice Mato, Julia Mansi, Edith Migliaro, Guadalupe Molina, Patricia Moltedo, Rodrigo Moral, Marta Rosa Mutti, José Manuel Ortega, Reneé Rodríguez, Juana Schuster, Silvia Santilli, Olga Tasca, Silvia Mabel Vázquez, Norma Vinciguerra, Ana Zamulko…

Saludan a la patria, orgullosos de ser sus hijos, con la certeza y la esperanza de que la honestidad y la unión de todos los argentinos, encuentren el destino que este maravilloso país merece, desde la justicia, el diálogo y la igualdad.

Nuestro Homenaje a la Patria.

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